Me entero, gracias a mi cuñado, de que ya había leído un libro suyo (de Erich Fromm), allá por el año 1988: "Del tener al ser".
Menos mal que tengo a mi cuñado para recordarme esa parte de mi vida que permanece en una constante nebulosa. Apenas recuerdo nada de mi época del colegio y poco más de la etapa del instituto.
Mi memoria es increíblemente selectiva. Por defecto, olvido los libros que he leído y las películas que he visto. De lo que he estudiado, recuerdo únicamente aquello que me ha resultado indispensable para continuar viviendo. Sin embargo, es raro que se me olvide una cara, un olor o una sensación.
Leo "El miedo a la libertad" (me lo recomendaban desde una versión de "Caperucita en Manhattan", para escolares, que me trajeron los Reyes este año). Lo acabaré hoy.
Y ahora espero, casi nerviosa, el momento de recoger "El arte de amar", que el amabilísimo repartidor de UPS me ha dejado en casa de una amiga porque yo no estaba en mi casa para recogerlo. (Los repartidores tienen la habilidad de congratularme con el mundo. Hay que ver qué buena disposición...).
Nunca es tarde para aprender a amar.