terça-feira, 9 de fevereiro de 2010

Cada cosa en su sitio...



Mi casa está revuelta.

Los pocos libros que conservo, por el suelo, los discos amontonados en una esquina, las películas desperdigadas. Ropa limpia sobre una silla del salón.


En la cocina, el microondas descansa sobre un taburete. Falta la mesa, faltan las sillas.

Las ventanas sin cortinas, las paredes desnudas y los cuadros por el suelo.

Y así, resulta imposible reordenarse una por dentro.

segunda-feira, 8 de fevereiro de 2010

Madres

El sábado acudí a una charla que, presentía, iba a ser importante, y lo fue.

De repente, todas las ideas, sensaciones y miedos que sabía que estaban pero que no era capaz de localizar a ciencia cierta, salieron a la luz. De repente un chaval de 22 años lo dijo, nos lo dijo, alto y claro, y arrojó sobre nosotros la responsabilidad de aprender a vivir con ello. La responsabilidad de curar, de sanar, de cumplir el compromiso que adquirimos.

Y nos puso frente a frente con lo que nos espera, sin paños calientes.

Y por encima del dolor, de la incertidumbre, del miedo, de la ignorancia, está la certeza de que estaré ahí, por difícil que sea, siempre.

Porque soy su madre y porque quiero serlo.

quarta-feira, 3 de fevereiro de 2010

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Pero está, allá, a lo lejos.

Y esta es la estampa que me encuentro, en estos días despejados, casi primaverales, cuando llego a mi lugar de trabajo.
No se confundan, no ordeñamos vacas, fabricamos máquinas infernales.

sábado, 30 de janeiro de 2010

Abuelo Manolo

Manuel San José Allegue. Condena: reclusión perpetua.
Natural de Franza de Puentedeume, vecino de El Ferrol, La Coruña, hijo de Víctor y Dolores, 23 años, soltero, albañil. Al ser movilizada su quinta, se incorporó al ejército nacional en el tercer batallón del Regimiento de Infantería "Milán" nº 32 como camillero, pasándose al enemigo por el frente de Oviedo el 7-6-37; luego, miliciano en el Batallón nº 232.

El 7 de junio de 1937 mi abuelo se pasó, se cambió de bando, se fue con los suyos, con los que perdieron, y se convirtió, sin saberlo, en el hombre más valiente que he conocido. Y nunca se lo dije.

Estuvo en la carcel dos años, donde se libró de la muerte por azar, aprendió a pintar, a odiar a los curas -"Iban con los bastones levantándoles los párpados a los recién fusilados, para comprobar que estaban muertos, los muy cabrones."- y a echar de menos la tortilla de patatas -"Yo me pasé porque decían que en el otro lado se comía mejor"-.

Mi abuelo era un hombre sencillo, bueno, con una sensibilidad extraordinaria, que el 28 de junio de 1984, lloró como un niño: "Volveu, Manoliña, volveu".

Permaneció gran parte de su vida a la sombra de Manola, mi abuela, su mujer, que era fuerte, decidida y valiente, como pocas. Tal vez por eso he tardado tanto tiempo en darme cuenta de todo lo que mi abuelo ha influído en mí, en nosotros, de todo lo que nos ha dejado.

Tal vez por eso mi agradecimiento y mi admiración llegan tarde, cuando ya no puede escucharme. Pero no tan tarde como para que sus bisnietos no puedan saber de él y admirarlo y quererlo, también.

quinta-feira, 28 de janeiro de 2010

Como casi siempre IV


- ¡Hasta aquí hemos llegado!
- ¿Qué?
- Que hasta aquí hemos llegado, que estoy harta.
- ¿Harta? Pero... ¿de qué?
- De ti, ¡joder!, de ti.
- ¡Oh! ¿De mí? ¿Pero qué he hecho yo ahora?

- Nada, si esa es la cuestión, que nunca haces nada...
- ¿Lo ves? Entonces, ¿cuál es el problema?
- !Anda y que te den por culo!

segunda-feira, 25 de janeiro de 2010

En estado de buena esperanza

Llamé a mi amiga C y me sorprendió con la noticia:

- Tía, que he llamado a la Xunta y me dicen que enviaron todos los expedientes del 2008. ¿Tu hermana de cuándo es?
- ¡Joder! Creo que de noviembre, pero no estoy segura.
- Pues si es del 2008 la llaman ya.

Recuerdo cuando me sucedió a mí. Estaba en la oficina y fue la Ecai la que me informó de que empezaba el último tramo, el más difícil, por los nervios, la incertidumbre y las ganas. Lloré tanto, de alegría, que mis compañeras pensaban que se me había muerto alguien.

Por supuesto, llamé a mi hermana.

- ¿Oye, M, vosotros de qué mes sois?
- De noviembre de 2008.
- Pues prepárate, guapa, que en menos de un mes os llaman para firmar.
No se lo creía.
Y ahora tocan papeles, fotos, cartas, firmas, notarios, médicos y, sobre todo, nervios, muchos nervios, y paciencia, mucha paciencia para no volverse locos.

Casi seguro que será este año. Una llamada al mediodía, después de pasarte semanas comprobando el teléfono cada dos minutos, con un nombre y una edad. Al día siguiente una foto, la foto, la de él, la de ella, el único, ese: su hijo.

Soy muy feliz.

quinta-feira, 21 de janeiro de 2010

Veinte años no es nada

Así decía la canción, ¿no?. Pero bueno, 40 ya son una cosa como para tenerla en cuenta, digo yo.

No tengo modo de medirlo porque yo no los he cumplido todavía, los 40, pero espero cumplirlos, claro, en su debido momento, con celebración por todo lo alto, rememoración de tiempos pasados (mejores y peores, que de todo hubo), reencuentro de viejos amigos, etc. Lo que merece la ocasión, vaya, pero eso es otra historia.

El caso es que, como decía, no tengo medida para esos 40 años, por eso se me hace tan difícil asumir que dentro de 40 años el piso que voy a comprarme la semana próxima será al fin mío, con todas las de la ley.
Cuarenta años, señores, que se dice muy pronto pero que son una porrada de años, así, uno tras otro. Me daría tiempo a sacarme la E.G.B., el bachillerato y C.O.U., la carrera, irme de Erasmus, casarme, tener un hijo, divorciarme... es decir, una vida como la mía y me sobrarían años.

Y yo me pregunto: ¿Quién sabe qué coño será de mí dentro de 40 años?