Así decía la canción, ¿no?. Pero bueno, 40 ya son una cosa como para tenerla en cuenta, digo yo.
No tengo modo de medirlo porque yo no los he cumplido todavía, los 40, pero espero cumplirlos, claro, en su debido momento, con celebración por todo lo alto, rememoración de tiempos pasados (mejores y peores, que de todo hubo), reencuentro de viejos amigos, etc. Lo que merece la ocasión, vaya, pero eso es otra historia.
El caso es que, como decía, no tengo medida para esos 40 años, por eso se me hace tan difícil asumir que dentro de 40 años el piso que voy a comprarme la semana próxima será al fin mío, con todas las de la ley.

Cuarenta años, señores, que se dice muy pronto pero que son una porrada de años, así, uno tras otro. Me daría tiempo a sacarme la E.G.B., el bachillerato y C.O.U., la carrera, irme de Erasmus, casarme, tener un hijo, divorciarme... es decir, una vida como la mía y me sobrarían años.
Y yo me pregunto: ¿Quién sabe qué coño será de mí dentro de 40 años?