domingo, 1 de agosto de 2010

En estos días

Comencé mi vida laboral en hostelería, lo que me permitió emanciparme, continuar y finalizar, mis estudios.

Trabajaba en un restaurante, como camarera, y aunque es sin duda un trabajo duro que provoca un cansancio físico innegable, si el ambiente es bueno (y aquí lo era), puede reportarle a una momentos realmente buenos. En mi caso, así fue.

En ciertas ocasiones, normalmente coincidiendo con las épocas de vacaciones o con alguna fiesta local, el establecimiento se llenaba repentínamente y todos corríamos, atareados, al grito de "¡¡Estamos en la mierda!!".

Recuerdo perfectamente esa sensación de prisa, de tensión, ese estar al límite, deseando que aquel señor se terminase de una vez su puñetero café o que aquella rubia oxigenada dejase de pedir "más pan" cada 10 minutos.

Después, cuando acababa el turno y los clientes iban abandonando el local, nos quedábamos allí, resoplando, comiendo o cenando juntos, comentando las anécdotas de la jornada y prolongando gustósamente la conversación hasta que el reloj nos indicaba que ya iba siendo hora de marcharse.

Fue una época estupenda, en la que viví momentos y experiencias que sé que nunca se repetirán. Y lo cierto es que, últimamente, me sorprendo recordándola una y otra vez. Recordándola y echándola de menos.

A pesar de que sé que en aquel momento resultó, en cierto modo, frustante para mí. A pesar de que no olvido la sensación de incertidumbre, de temporalidad, la falta de seguridad, creo que fui muy feliz. O tal vez sólo lo imagino.

7 comentários:

perplejo disse...

Los camareros que conozco echan pestes de su trabajo, de los clientes, del sueldo, de no saber su sueldo ni el tiempo que van a durar así... el camarero se siente provisional parece ser.

Pero creo que es verdad, y es curioso, que recordemos como felices las épocas duras donde simplemente hicimos lo mejor que pudimos. Las vivimos desgraciadas pero las recordamos felices. ¿Por qué será?

Algo debe tener el recordarnos en la dificultad, "¡en la mierda!", algo que nos debe atraer de nosotros mismos. Nos gusta saber que lo hicimos, quizá. No lo sé. Parece que el confort no es lo que necesitamos.

María disse...

Tal vez solo es un síntoma de que deberías cambiar de trabajo ... (echas de menos algo que ahora no tienes!?)

Beso

Portorosa disse...

Como tú dices, ¿te recuerdas feliz, o recordando aquella época crees que lo eras?

En cualquier caso, recordamos/recreamos desde ahora, por lo que yo creo que para contestar a esa pregunta una variable a tener en cuenta, siempre, es cómo estamos ahora. Y no solo porque comparamos, sino porque a la luz de la realidad presente vemos más o menos ilusionante, más o menos esperanzadora, nuestra situación de entonces.

Un beso.

María disse...

Además de todo eso que tú dices, Porto (con lo que estoy absolutamente de acuerdo, sin que sirva de precedente), yo también creo que a veces nos refugiamos en buenos recuerdos para llenar huecos. Puede que efectivamente haya sido una buena época y no solo la recuerdes como buena, pero por qué esa necesidad de volver ahí una y otra vez? Cuando estamos realmente bien vivimos más en el presente que en el pasado (o al menos a mí me pasa eso).

Estamos pasando unos días de vacaciones en una casa alquilada. La casa esta decorada de Ikea de arriba a abajo. Al verla me he acordado de ti, M. :-)

Beso

LastChild disse...

Por lo que cuentas, a pesar del estrés y el trabajo duro, tenías buena relación con los compañeros. Eso es muy gratificante. Acabar derrotados y con una sonrisa en la cara, delante de una cerveza. Imagino que eras algunos años más joven, cuando todos podemos con eso y más.
Yo creo que no tiene porqué ver con tu estado actual. Aunque seas infinitamente más feliz ahora también puedes reconocer la felicidad de antaño. Y al revés, por supuesto, cuando nos sentimos desgraciados cualquier tiempo fue mejor.
Creo que cada etapa que vamos superando tiene sus momentos de felicidad, ¿no?.
Lo que añoramos sin embargo, sí es algo de lo que carecemos hoy. Yo añoro tiempos pasados porque echo de menos mi independencia. Sin embargo no la cambiaría por lo que tengo ahora.
Cambiamos constantemente.

Un abrazo.

A filla do mar disse...

Pues ese es mi destino para esta tarde, María: IKEA!!!

:-)

Supongo que en aquel momento tenía todas las posibilidades de crecimiento abiertas ante mí. En cambio, a día de hoy, tengo la sensación de que esto es lo máximo a lo que puedo aspirar laboralmente. Podría cambiar de sueldo, de compañeros, etc. pero mis expectativas de crecimiento son claramente limitadas (salvo que decida darle un giro total a mi vida, pero bueno, no estoy en disposición de poder hacerlo, claro...).

Buenos días.

fa mayor disse...

Filla do Mar: me conmueve tu entrada, en la medida supongo, que me indentifico en esas sensaciones que tenemos variadas sobre el mismo episodio transcurrido tiempo atrás. Es como si a través de la interpretación, incluso el pasado pudiera cambiar según las emociones que evoquen esos recuerdos. Tal vez olvidamos lo que sentíamos entonces y tenemos ahora nuevas sensaciones al recordar los hechos... al interpretarlos... en fin.
Aquí dejo esta abstracción mañanera en mi intento por comprender la vida.
Saludos.
Manoli.