- Tía, que he llamado a la Xunta y me dicen que enviaron todos los expedientes del 2008. ¿Tu hermana de cuándo es?
- ¡Joder! Creo que de noviembre, pero no estoy segura.
- Pues si es del 2008 la llaman ya.
Recuerdo cuando me sucedió a mí. Estaba en la oficina y fue la Ecai la que me informó de que empezaba el último tramo, el más difícil, por los nervios, la incertidumbre y las ganas. Lloré tanto, de alegría, que mis compañeras pensaban que se me había muerto alguien.
Por supuesto, llamé a mi hermana.
- ¿Oye, M, vosotros de qué mes sois?No se lo creía.
- De noviembre de 2008.
- Pues prepárate, guapa, que en menos de un mes os llaman para firmar.
Y ahora tocan papeles, fotos, cartas, firmas, notarios, médicos y, sobre todo, nervios, muchos nervios, y paciencia, mucha paciencia para no volverse locos.
Casi seguro que será este año. Una llamada al mediodía, después de pasarte semanas comprobando el teléfono cada dos minutos, con un nombre y una edad. Al día siguiente una foto, la foto, la de él, la de ella, el único, ese: su hijo.
Soy muy feliz.
Cuarenta años, señores, que se dice muy pronto pero que son una porrada de años, así, uno tras otro. Me daría tiempo a sacarme la E.G.B., el bachillerato y C.O.U., la carrera, irme de Erasmus, casarme, tener un hijo, divorciarme... es decir, una vida como la mía y me sobrarían años.