quarta-feira, 15 de outubro de 2014

Criminales

Hace tiempo, años ya, que no veo la televisión ni leo la prensa. Mi contacto con el resto del mundo (el que no está en mi entorno más cercano) se reduce a la escasa media hora que escucho la radio yendo o volviendo del trabajo. Son apenas 15 minutos por trayecto, en los que Radio 5 me actualiza en lo imprescindible. 

Salvo las ocasiones en las que mi horario de ida o de vuelta coincide con esos pequeños y deliciosos espacios (Cajón de músicas, Ciencia y acción, Vidas contadas…) el tiempo en el coche suele coincidir con un espacio de noticias. 

Cualquiera de las indignidades que acontecen alrededor de los políticos y dirigentes de este país sería suficiente para revolverle el estómago al más pintado pero, concretamente, lo de las tarjetas opacas a mí me ha dejado atónita. 

Cómo un país puede albergar tal cantidad de mentirosos, facinerosos e hijos de la grandísima puta que roban el dinero de sus conciudadanos mientras familias enteras viven en la más absoluta indigencia, mientras personas formadas, trabajadoras, buenas (personas buenas, joder) pasan necesidades, hambre, frío; mientras niños, cientos de niños, miles de niños en este país, sufren la precariedad más absoluta en sus casas. 

Asquerosos ladrones que se dedican a recortar la educación y la sanidad de nuestros hijos y la nuestra mientras se gastan el dinero que nos roban sin la menor vergüenza. 

Siento no creer en dios, porque eso, por lo menos, me daría la esperanza de que sufrirán la condenación eterna. Pero como eso, tristemente, no sucederá, espero por lo menos que el azar les traiga una enfermedad dolorosa y limitante, que el ébola que contagió a esa pobre mujer los contagie a ellos y mueran solos y condenados ahogados en sus propios vómitos y esputos. Y que se lleven a la tumba todo el puto dinero que nos han robado. Criminales.

quinta-feira, 21 de agosto de 2014

De pega



Qué sobado está el tema de la conciliación y la igualdad; qué gastado… Sin que se llegue a ninguna solución real. Todo son parches, “postureo”, medidas estéticas para que parezca “que…” cuando en realidad ni de coña nos acercamos a nada mínimamente razonable.



Asisto (estupefacta y moralmente agotada) a una conversación entre mis compañeros de trabajo (todos menores de 40 años): afirman que es verdad, que las mujeres, en cuanto tienen hijos… pues eso, que laboralmente…



Apuntillo (al borde del desfallecimiento) que los hijos no los tenemos solo las mujeres. Que, por desgracia, todavía no hemos conseguido evolucionar hasta el hermafroditismo, para que cada uno se reproduzca bajo su absoluta y única responsabilidad.



Qué absurdo desgaste de energía. Es como predicar en el desierto.


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Es llamativo lo diferentes que podemos llegar a ser; las tan diferentes maneras que tenemos que afrontar nuestras responsabilidades, las más importantes, las que implican hacernos cargos de las vidas que dependen de nosotros.



Veo padres y madres que sufren la marcha de sus hijos, que se desasosiegan ante la amenazadora visión de una semana alejados de ellos. En el otro lado de la balanza, los que hace dejación absoluta, ya no solo de su responsabilidad, sino de la demostración del más mínimo interés.



¿Cómo coño vamos a conseguir la igualdad de derechos y deberes? ¿Cómo vamos a pretender conciliar la vida laboral y familiar cuándo no se comparten las responsabilidades?



Lo peor es que no pasa nada. A algunos y algunas nos cabrea, nos molesta y (cuando tenemos ocasión) gritamos y pataleamos (normalmente sin la más mínima consecuencia). Mientras, la vida continúa. Y machaca la culpa por haberse equivocado: un hijo se merece otra cosa.

Vi  en facebook una definición que me gustó mucho:

“Una madre soltera es como una mamá normal pero con los huevos que le faltaron a papá.”


Esta definición podríamos aplicársela a muchas otras madres, que lo son junto a padres de pega.

quarta-feira, 11 de junho de 2014

Maternidad

La maternidad resulta, en general, bastante excitante. Pero hay ocasiones en las que realmente supera mis expectativas.
Correo electrónico enviado por Cibrán. !Vaya título!.

quinta-feira, 10 de abril de 2014

Felicidades

Once años tendría ya.

Felicidades, pequeniña.

segunda-feira, 24 de março de 2014

Gracias

Si nada lo impide, se cumplirá mi ansiado deseo.

quarta-feira, 12 de março de 2014

segunda-feira, 24 de fevereiro de 2014

De celebración

Este año, la mayoría de mis compañeros de colegio, instituto y carrera cumplen, como yo, 40 años.

El sábado fuí a la primera celebración: era una fiesta sorpresa para uno de mis compañeros de carrera. Nunca fuimo íntimos amigos pero siempre nos llevamos muy bien y yo le guardo un profundo cariño. Hacía 14 años que no nos veíamos.

Allí aparecimos una amiga (mía) y yo. De la Escuela (yo estudié en una Escuela, no en una Facultad), apenas había 3 o 4 personas. El resto, todos amigos actuales del homenajeado.

Estábamos, la verdad, un poco fuera de lugar. Él se alegró mucho de verme (tanto como yo a él) pero su mujer, a la que yo no conocía puesto que se habían emparejado durante estos últimos 14 años, nos miraba con cara de pocos amigos. El resto de invitados, exceptuando mis propios compañeros de carrera, lanzaban alguna que otra mirada de reojo preguntándose quién coño eran aquellas dos a las que nadie conocía.

Estuvo muy bien. Aquel ambiente cerrado, aquellas miradas de sospecha y el interés mostrado únicamente por el hermano del cumpleañero y su amigo (un par de crápulas treintañeros buscando algo más interesante que una conversación) hizo patente lo cerrados que podemos llegar a ser, la amenaza que supone lo que desconocemos, siempre sospechoso (incluso en una situación como aquella).

Nos fuimos con los dos crápulas y resultó ser una noche de lo más divertida. Hacía mucho tiempo que no bailaba, mucho tiempo que no hablaba de mi vida con un perfecto desconocido al que sabes que es muy probable que no vuelvas a ver. Realmente fue un regreso a los tiempos de la Escuela, 20 años atrás.

La resaca del domingo mereció la pena.