quinta-feira, 21 de agosto de 2014

De pega



Qué sobado está el tema de la conciliación y la igualdad; qué gastado… Sin que se llegue a ninguna solución real. Todo son parches, “postureo”, medidas estéticas para que parezca “que…” cuando en realidad ni de coña nos acercamos a nada mínimamente razonable.



Asisto (estupefacta y moralmente agotada) a una conversación entre mis compañeros de trabajo (todos menores de 40 años): afirman que es verdad, que las mujeres, en cuanto tienen hijos… pues eso, que laboralmente…



Apuntillo (al borde del desfallecimiento) que los hijos no los tenemos solo las mujeres. Que, por desgracia, todavía no hemos conseguido evolucionar hasta el hermafroditismo, para que cada uno se reproduzca bajo su absoluta y única responsabilidad.



Qué absurdo desgaste de energía. Es como predicar en el desierto.


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Es llamativo lo diferentes que podemos llegar a ser; las tan diferentes maneras que tenemos que afrontar nuestras responsabilidades, las más importantes, las que implican hacernos cargos de las vidas que dependen de nosotros.



Veo padres y madres que sufren la marcha de sus hijos, que se desasosiegan ante la amenazadora visión de una semana alejados de ellos. En el otro lado de la balanza, los que hace dejación absoluta, ya no solo de su responsabilidad, sino de la demostración del más mínimo interés.



¿Cómo coño vamos a conseguir la igualdad de derechos y deberes? ¿Cómo vamos a pretender conciliar la vida laboral y familiar cuándo no se comparten las responsabilidades?



Lo peor es que no pasa nada. A algunos y algunas nos cabrea, nos molesta y (cuando tenemos ocasión) gritamos y pataleamos (normalmente sin la más mínima consecuencia). Mientras, la vida continúa. Y machaca la culpa por haberse equivocado: un hijo se merece otra cosa.

Vi  en facebook una definición que me gustó mucho:

“Una madre soltera es como una mamá normal pero con los huevos que le faltaron a papá.”


Esta definición podríamos aplicársela a muchas otras madres, que lo son junto a padres de pega.

quarta-feira, 11 de junho de 2014

Maternidad

La maternidad resulta, en general, bastante excitante. Pero hay ocasiones en las que realmente supera mis expectativas.
Correo electrónico enviado por Cibrán. !Vaya título!.

quinta-feira, 10 de abril de 2014

Felicidades

Once años tendría ya.

Felicidades, pequeniña.

segunda-feira, 24 de março de 2014

Gracias

Si nada lo impide, se cumplirá mi ansiado deseo.

quarta-feira, 12 de março de 2014

segunda-feira, 24 de fevereiro de 2014

De celebración

Este año, la mayoría de mis compañeros de colegio, instituto y carrera cumplen, como yo, 40 años.

El sábado fuí a la primera celebración: era una fiesta sorpresa para uno de mis compañeros de carrera. Nunca fuimo íntimos amigos pero siempre nos llevamos muy bien y yo le guardo un profundo cariño. Hacía 14 años que no nos veíamos.

Allí aparecimos una amiga (mía) y yo. De la Escuela (yo estudié en una Escuela, no en una Facultad), apenas había 3 o 4 personas. El resto, todos amigos actuales del homenajeado.

Estábamos, la verdad, un poco fuera de lugar. Él se alegró mucho de verme (tanto como yo a él) pero su mujer, a la que yo no conocía puesto que se habían emparejado durante estos últimos 14 años, nos miraba con cara de pocos amigos. El resto de invitados, exceptuando mis propios compañeros de carrera, lanzaban alguna que otra mirada de reojo preguntándose quién coño eran aquellas dos a las que nadie conocía.

Estuvo muy bien. Aquel ambiente cerrado, aquellas miradas de sospecha y el interés mostrado únicamente por el hermano del cumpleañero y su amigo (un par de crápulas treintañeros buscando algo más interesante que una conversación) hizo patente lo cerrados que podemos llegar a ser, la amenaza que supone lo que desconocemos, siempre sospechoso (incluso en una situación como aquella).

Nos fuimos con los dos crápulas y resultó ser una noche de lo más divertida. Hacía mucho tiempo que no bailaba, mucho tiempo que no hablaba de mi vida con un perfecto desconocido al que sabes que es muy probable que no vuelvas a ver. Realmente fue un regreso a los tiempos de la Escuela, 20 años atrás.

La resaca del domingo mereció la pena.

quinta-feira, 20 de fevereiro de 2014

Lento, callado, lejano

Me muevo despacito, despacito, en contra de mi propia naturaleza que ha sido siempre la impaciencia.
Me muevo despacito y en silencio, para poder escucharme aunque no me diga nada.
Me miro desde fuera, desde lejos. Hacía mucho tiempo que no me veía así, como una extraña.



Según mi agenda, García Márquez dijo que "nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa".